Gestión de Carteras

¿QUÉ ES LA GESTIÓN DE CARTERAS?

La gestión de carteras es la organización de los activos financieros de un inversor para reducir el riesgo y maximizar la rentabilidad. Esto implica tomar decisiones de inversión calculadas y utilizar estrategias de negociación.

Los criterios para la gestión de carteras tratan de establecer un sistema que sea compatible con los objetivos del cliente y evite las decisiones arbitrarias o reacciones de pánico o euforia que pueden darse en determinados momentos en la toma de decisiones en los mercados financieros.

Las etapas que se deben tener en cuenta a la hora de la gestión de carteras son las siguientes:

  • Determinación del tipo de cliente. El tipo de cliente se determina en base a sus características subjetivas, y también contemplando a restricciones de índole fiscal, tamaño de la cartera, rotación, tiempo de permanencia de los fondos, etc.
  • Objetivos concretos de la inversión. Se puede reducir en rentabilidad, nivel de riesgo, liquidez y fiscalidad. No deben ajustarse de forma general, sino que han de cuantificarse numéricamente.
  • Estrategia de gestión a seguir. En función de la información sobre el cliente y los objetivos de la inversión, se habrá de establecer un plan de actuación o estrategia en la toma de decisiones de inversión.
  • Selección estratégica de activos. Consiste en la distribución de los activos según clases: renta variable, renta fija, etc.
  • Selección de valores. Dentro de cada una de las clases de activos, se debe concretar qué activos concretos se van a seleccionar.
  • Control y medición de resultados. Pretende comparar el patrimonio del inversor antes y después de realizar la inversión, y comprobar si el gestor ha cumplido con los objetivos propuestos y así poder comparar con los resultados obtenidos por otras inversiones de referencia.

LO QUE DEBES SABER SOBRE LA GESTIÓN DE CARTERAS

Hay cinco aspectos básicos que debes tener en cuenta a la hora de gestionar tu cartera de forma eficaz:

Tolerancia al riesgo: normalmente, a mayor riesgo, mayor rentabilidad. Si te haces cargo de mucho riesgo es probable que ganes mucho dinero o que lo pierdas, pero si evitas el riesgo absolutamente, no es muy posible que ganes ni pierdas. La cartera ideal debería lograr un minucioso equilibrio del riesgo dependiendo de la tolerancia al mismo del inversor.

Medición del rendimiento: Establecer referencias y medir el rendimiento de tu inversión te permite realizar un seguimiento de los posibles errores y conocer la ratio riesgo/rentabilidad.

Asignación de activos: Elegir una mezcla de activos puede ayudar a reducir el riesgo y maximizar la rentabilidad ponderando la volatilidad e invirtiendo como corresponda.

Diversificación: La volatilidad de los mercados y el riesgo que implica invertir puede reducirse haciéndolo en diversos valores, mercados y sectores diferentes. Así, si un mercado se desploma, no perderás todo tu dinero.

Reestructuración: Reestructurar habitualmente tu cartera te asegura que vas a mantener un buen equilibrio entre el riesgo y la rentabilidad, al devolver la ponderación de los activos a su nivel inicial.